Me gusta pensar que apenas nada existe
salvo el trozo de vida que contienen
las cuatro paredes de este cuarto.
Quisiera creer que todo es esto,
momentos detenidos un instante
ajenos al fragor del tiempo que transcurre.
Disfrutar la dulce placidez con que dormita
en su ignorancia animal, la gata persa.
Me gusta pensar que vida es esto:
una luz suave que sombras no proyecta,
la música de Bach, un libro entre las manos
y el mar antiguo, el mar amado de la infancia
que más abajo resplandece henchido por una luz de siglos
por una luz prístina y primigenia.
Me gusta pensar que sólo queda
esta dulce laxitud de los sentidos,
esta atmósfera apacible que transmiten
los humildes objetos cotidianos.
Me gusta pensar que esto es todo,
y desterradas aquellas inútiles luchas,
aquellas espurias apetencias,
abandonarme a la secreta esperanza de los días.
lunes, 15 de febrero de 2010
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