domingo, 4 de abril de 2010

MONÓLOGO DE PENÉLOPE.

Es Ithaca mi patria y mi morada
la cárcel que hoy encierra
mis quebradizos sueños.
Los años transcurrieron como el viento
no hay mortajas que tejer,
labores huecas
con las que engañar al tiempo
y a los dioses.
Ulises regresó
De guerra ajena
indemne y vencedor,
un dios de carne.
Con el llegó la suave calma
que envuelve el lento transcurrir
de mi existencia
y esta paz de pergamino antiguo,
de barro ciego
que me inunda los ojos y la vida.
Apenas reconozco en este anciano
al amante de tóraz de antracita
que mi lengua golosa acariciaba.
Este anciano que se duerme
mientras narra la misma historia
de hostiles vientos
que enredaban las velas y los rumbos
de iracundos dioses
y de una ninfa de mágicos poderes
¬-siempre creí que fue una prostituta-
¿Quién si no yace
con el hombre que a otra pertenece?
La vieja historia, repetida siempre
que escuchan por respeto
los pacientes hijos de Telémaco.
¡Oh mi amado Odiseo
que lejos está la noche en que llegaste
vestido de mendigo
hasta mis brazos!
Sólo me queda
izar las velas de una barca
navegar hasta el país de los lotófagos
cortar las blancas flores del nelumbo
Comer su dulce carne
Mientras aguardo
Que el tiempo se derrumbe en mi memoria.

1 comentario:

  1. Magnífico poema. Me encanta, Ana María. Te felicito, y con tu permiso lo comparto.
    Un cariñoso saludo
    Charo Guarino

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